MAVECURE

En busca de las montañas de los dioses

Los cerros de Mavecure, una formación de tres enormes montículos de piedra gris llamados tepuyes, palabra que en lengua indígena significa hogar o morada de los dioses, y que son característicos del Escudo Guayanés (una de las zonas más antiguas de la Tierra) con alturas entre 250 y 750 metros, cuyo color, tamaño y forma llenan de majestuosidad el paisaje, y sobresalen en medio de la selva como una casualidad inventada por seres sobrenaturales. Ese lugar que al principio era difícil pronunciar y que −solo tras una constatación en Google− confirmé que, efectivamente, queda en nuestro país.

lo digo sin vergüenza, apelando al célebre “mal de muchos, consuelo de tontos”, porque recuerdo la mueca de ignorancia que hicieron aquellos a quienes les conté que iría a aquel lugar, que fue la misma que yo hice cuando me asignaron esta travesía. “Ma-ve-cu-re”, les repetía a mis amigos (en lengua indígena, la primera ‘e’ se reemplaza por una ‘i’, Mavicure), gesticulando con claridad para que se animaran a investigar en internet y −cómo no− se llenaran de envidia.

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Solo pocos atinaron a preguntar que si esas eran las piedras que, efectivamente, aparecen en la película El abrazo de la serpiente, del cineasta colombiano Ciro Guerra.

La gasolina se mezcla con el agua y el fuerte olor del combustible rodea a la voladora, una lancha rápida con capacidad para seis ocupantes impulsada por un motor Yamaha de 75 caballos de potencia, que ya está encendido tras un par de tirones del estárter. Luego de registrar nuestra salida con la policía, zarpamos del muelle que hasta 1974 servía para que el nombre de este municipio, que hoy tiene unos 17.000 habitantes y es la capital departamental, estuviera precedido por la palabra puerto (aún hoy a muchos les cuesta separar las dos palabras).

Navegamos a toda máquina por ese corredor oscuro de 1.300 kilómetros de longitud que divide en dos esta selva, en los límites entre la Orinoquía y la Amazonía colombianas, que es el río Inírida.

No más arrancar, recorridos unos pocos kilómetros de los 55 que nos separan de Mavecure, se empieza a divisar la cima del cerro Pajarito, la mayor de las tres montañas, sobre el espeso follaje de esta jungla de lianas de igüanito, chirriador y zarza; de bejucos y árboles como el caucho, el lechero y la palma de chiqui chiqui, todas plantas que son adornadas por la preciosa flor de Inírida, que también es llamada flor eterna, pues luego de secarse es utilizada como artesanía. El punto culmen de nuestra visita a este paisaje, que parece haber servido como locación a las películas de Jurassic Park, está más cerca que nunca.

Avanzamos y la lancha deja olas que pasan debajo de las canoas de los indígenas que reman con calma rastreando el lugar perfecto para botar sus redes e hilos de pesca y capturar los ejemplares que llevarán a casa o venderán a buen precio en Inírida. Bagres, valentones, amarillos, sapoaras y temblones, y más de 100 especies ornamentales son algunos de los peces que existen en la zona.

En Guainía uno de los principales atractivos es su gente, cuya población está compuesta mayoritariamente por indígenas, que provienen de las casi 30 comunidades que hay en el departamento y pertenecen a etnias como la puinave, curripaco, tukano, wanano, desano, piratapuyo, piapoco y yeral.

Se trata de pueblos que han sabido subsistir y preservar muchas de sus costumbres, pese al choque con la civilización, y que todavía basan su economía en actividades como la agricultura, la pesca y la minería, que viven en malocas, e incluso conocen sus dialectos tradicionales.

Llama la atención, sin embargo, el poco conocimiento que tienen de sus creencias ancestrales, las cuales desaparecieron casi en su totalidad con la llegada de la misionera Sophie Muller, quien entró a la Amazonía colombiana en 1944 y pasó 40 años con las comunidades, alfabetizándolas y evangelizándolas.

Por esto, es difícil encontrar a un indígena, no importa su etnia, que conozca los significados de su cosmogonía. Y esto aplica a los cerros, pues son pocos los habitantes de la región que saben lo que representaba para sus ancestros este místico lugar. Uno de los pocos indígenas que pudieron hablarnos de la importancia de Mavecure fue el puinave Tomás Corda Medina, originario de la comunidad Barranco Tigre.

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Él nos explica que, en lengua curripaco, Mavecure viene de las palabras ‘mavi’, que es una palma que da unas tiras para hacer diferentes utensilios, y de ‘cure’, veneno que los antepasados sacaban de un árbol y ponían en las puntas de las flechas para la caza con cerbatanas. Dice que los cerros eran considerados un espacio mágico en el que los humanos podían comunicarse con sus dioses.

Pasamos por Caño Bocón, uno de los mejores lugares de la región para practicar la pesca deportiva y, más adelante, por la comunidad indígena de Caranacoa, la más grande de Guainía. Seguimos río arriba, con el viento golpeando con brusquedad el panorámico de la pequeña lancha. Mauricio Bernal, el operador turístico que nos acoge, y que hace las veces de maquinista en esta ocasión, nos cuenta que el principal enemigo para que más turistas vengan a esta zona poco explorada no ha sido la guerra, sino la ignorancia que existe sobre él.

“En 1997 hubo un intento de toma del pueblo por parte de las Farc que no fructificó; este ha sido, quizás, el evento más violento que hemos vivido en los últimos años, sin embargo existe una creencia generalizada de que esta es zona roja, lo cual es falso”, comenta Bernal, quien reconoce que, de todas formas, aquella acción violenta sí lo perjudicó a él, pues su hotel, el Toninas, solamente llevaba unos pocos meses en funcionamiento cuando ocurrió el ataque y los viajeros que planeaban llegar a Inírida se espantaron. No obstante, Bernal afirma que esta situación quedó en el pasado y la comunidad ha encontrado en el turismo una oportunidad de vida.

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Luego de una hora y media de viaje, Bernal disminuye la marcha del motor y de manera sospechosa se acerca a la orilla del río, y frente a nosotros una saliente del monte nos obstaculiza la visión. En unos segundos sabremos el porqué de su inesperada maniobra.

Y ahí están: brotan del suelo como unos enormes tótems grises oscuros sembrados por alguna deidad; o mejor, como si unos gigantescos titanes habitantes del subsuelo hubieran golpeado la superficie de la tierra desde lo más profundo del núcleo buscando darse a conocer entre los humanos. Los minutos que nos quedamos flotando en el río para capturar en fotos la emocionante postal se hacen eternos. El tiempo se detiene y el motivo de la maniobra de Mauricio queda desvelado.

El momento de contemplación y éxtasis finaliza –no podía ser de otra manera– para dar paso a la acción. Subiremos hasta Mavecure, por lo que nos dirigimos a la comunidad de Remanso, a los pies de Pajarito, para preguntar por un guía que nos acompañe hasta la parte más alta de esta montaña, que le da su nombre a la formación completa y que es el único al que se puede subir, por lo menos si se es un turista sin conocimientos básicos o equipos de escalada.

Para llegar al mirador, a 250 metros de altura, las únicas condiciones las impone el clima y el estado físico del viajero. En caso de que llueva es mejor aplazar la travesía para un momento soleado, porque, al contacto con el agua, la piedra lisa de la montaña se vuelve una tapia de jabón imposible de caminar, aún con los mejores zapatos de senderismo. Hoy, el cielo azul y el sol brillante nos invitan a no dudarlo dos veces.

Inicia el ascenso por la pendiente y, a pocos metros, la fatiga entre los escaladores solo es ajena a Jimmy, nuestro guía, quien sube a toda velocidad como una cabra de montaña, montado en unos sencillos tenis blancos, que no pueden tener una suela más lisa, para hacer sentir mal a quienes llevamos un calzado, supuestamente, idóneo para esta actividad. Hay que vigilar cada paso y siempre ir con un guía certificado.

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Llegar a la cima nos toma alrededor de una hora, en medio de un sol agobiante que calienta la piedra y el aire. Solo descansamos del calor cuando atravesamos los senderos que se adentran en pequeños cúmulos selváticos en medio de la montaña. Allí, las ramas de los árboles, la tierra, los arbustos y los sonidos de animales que se esconden en el follaje ambientan una aventura en la que el mismísimo Indiana Jones se sentiría afortunado.

Por fin, y tras trepar por improvisadas escaleras de palos entre grietas de la piedra, de agacharnos, de parar a descansar y recobrar el aliento, de detenernos a contemplar las micropostales que nos ofrece el lugar, llegamos a la cumbre. Jadeantes, nos quedamos perplejos ante la posibilidad única que tenemos de ver la selva desde arriba, como aves, como dioses omniscientes

Desde esa cúspide se observan Pajarito y Mono; en sus faldas se ve el verde oscuro de una selva que esconde osos hormigueros, perros de agua, armadillos, lapas, chigüiros, dantas, venados y tigres. El agua de un café que se confunde con el gris de la piedra. A lo lejos, los caños que baña el Inírida y otros caminos fluviales.

También se alcanzan a apreciar, mucho más cerca del horizonte que de nosotros, rocas similares a las que hemos conquistado.

Unos 20 minutos pasan entre la contemplación y la foto obligada y retomamos nuestro camino de regreso, apurados por el aviso de lluvia que se aproxima que nos hace Jimmy. Efectivamente, a los pocos pasos del descenso empieza a caer una llovizna que no tarda en convertirse en un aguacero que pinta un panorama distinto al del ascenso.

El sudor se mezcla con la lluvia y la ropa se vuelve pesada, dificultando aún más la tarea, a lo que se suma que –como lo habíamos anticipado– el agua deslizándose por la pendiente vuelve resbalosa la piedra, por lo que tenemos que bajar en cuclillas. En una situación como esta, lo más recomendable para los viajeros, por seguridad, es esperar a que escampe para retomar el camino.

Volver a la base de Mavecure nos toma casi el doble del tiempo que empleamos para subirlo (dos horas) porque para sortear la pendiente y evitar los puntos de mayor inclinación debemos atravesar el monte por donde no hay sendero, resistiendo las ramas y espinas que golpean todo el cuerpo.

Abajo nos espera Mauricio con su voladora. Nos lleva, empapados, hasta la comunidad de Venado, una de las pocas multiétnicas del departamento, donde Ferney Rodríguez, líder de la población, nos dará posada esa noche. A las cuatro de la tarde, nuestros anfitriones desfilan frente a nosotros con lo que será la cena: bocón moqueado, un pez de gran tamaño que es cocinado al humo envuelto en hojas de chiqui chiqui, palma que los indígenas emplean para fabricar desde sus artesanías hasta los techos de sus malocas.

Cae el sol mientras disfrutamos ese banquete acompañado de casabe (una tortilla que se prepara asoleando el almidón de yuca por varios días). La humedad que trae la temperatura nocturna enfría el piso de tierra. Íbamos a dormir en el patio, arropados por una choza con techo de chiqui chiqui, pero nuestra morada será uno de los cuartos de Ferney. Se viene otra larga noche de lluvia. Termina la aventura. Fue un privilegio conocer este paraíso colombiano.

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Si usted va…

Las siguientes recomendaciones le pueden servir para mejorar su experiencia en Mavecure.

– Lleve ropa cómoda y ligera como camisetas y bermudas (ojalá impermeables) y sombreros o cachuchas para protegerse del sol.

 

– Son aconsejables los zapatos de senderismo, preferiblemente si son impermeables.
– Cámara fotográfica o de video para no perder detalle de estos hermosos paisajes.
– Hidratación abundante para las caminatas, bloqueador y repelente.

– Un impermeable para cubrirse en caso de que llueva.

 

Otros planes en Guainía

– Avistamiento de toninas (delfines rosados) y de aves.
– Visitar los cultivos de peces ornamentales.
– Conocer los petroglifos
– Practicar deportes náuticos como esquí, buceo y pesca deportiva.

 

Dónde dormir

Hotel Toninas (este vende el viaje a los cerros, que incluye la noche en las comunidades indígenas). Contacto: Teléfono (8) 5656 027; Celular 310 5634887; correo electrónico toninashotel@gmail.com, toninastours@hotmail.com. Las tarifas del hospedaje y de los diferentes planes varían según el número de personas.

 Cómo llegar

En avión desde Bogotá, rumbo a Inírida.

Los cerros de Mavecure están 50 kilómetros al occidente de esta ciudad. Para llegar a ellos se debe tomar una lancha rápida que tarda unas 2 horas en recorrer los 55 kilómetros a través del río Inírida.

 

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ

Enviado especial de Viajar

Tomado de: El tiempo

 

Vacaciones con sol

 

Punta Cana

Punta Cana es uno de los destinos más visitado de todo el Caribe,  Situada en la zona mas turística de República Dominicana, un destino turísticos paradisíacos.  bañada por las aguas del Océano Atlántico y con una temperatura que oscila desde los 20ºC en invierno hasta los 32ºC hacen el lugar propicio para pasar unas buenas vacaciones.  El viaje a Punta Cana le permitirá disfrutar sin duda de las mejores playas del mundo.

Si no te importa perder de un día de todo incluido en el hotel,  Punta Cana también ofrece actividades para los mas aventureros. Puedes alquilar un 4×4 y aventurarte fuera de los complejos turísticos para descubrir un mundo magnífico de cuevas, manglares, playas desiertas con cocoteros en las provincias próximas de Hato Mayor, del Seibo. También puedes visitar Altos de Chavón, Bayahibe y la isla Saona, cerca de La Romana. Todo esto a apenas 2 horas de tu hotel.

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Tres sitios turísticos que puedes disfrutar mientras estas en Punta Cana

Bávaro es un paraje del distrito municipal Verón Punta Cana, dependiente del municipio Higüey en la provincia La Altagracia,República Dominicana.2 Originalmente fue concebido como un pueblo dormitorio para los trabajadores del complejo turístico dePunta Cana, pero se ha transformado en un centro de servicios turísticos debido a la expansión hotelera hacia el norte de Punta Cana, en torno a la playa Bávaro; convirtiéndose así en una importante zona turística del país.

Se han instalado numerosas atracciones turísticas, algunas de cierta envergadura como el Manati Park en Bávaro, un parque acuático con manaties, delfines y otras clases de animales. Para los turistas, es más popular la zona de playas Punta Cana por ser más asequibles a los precios internacionales.

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La Isla Catalina o Serena Key como la llaman las líneas de creceros en sus programas es una preciosa isla de arena blanca cercana a la costa sureste de la República Dominicana. Ella misma es un Parque Natural protegido donde, por supuesto, no existe edificación alguna. Desconocida para muchos agentes de viajes y turistas, la playa está completamente a resguardo del viento, gracias a lo cual, el mar se encuentra siempre en absoluta calma.

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–   Altos de Chavón  es una villa de tipo mediterráneo antiguo construida en una altura sobre el río Chavón, en la República Dominicana. Es sede de un Centro Cultural, el Museo Arqueológico nacional, y la llamada Ciudad de los Artistas. Cuenta también con un Anfiteatro Notable.

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Su construcción se inició en 1976 cuando para la apertura de una carretera fue preciso dinamitar una montaña de piedra. Charles Bludhorn, presidente de una compañía americana, tuvo la idea de aprovechar las piedras para construir una aldea mediterránea del siglo XVI. El rumor popular dice que lo hizo para regalársela a su hija en su cumpleaños, pero ésta, que vive frecuentemente en Altos de Chavón, niega esta versión

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Referencias:

– http://guiarepublicadominicana.com/punta-cana

– https://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%A1varo

– http://www.colonialtours.com.do/catalina.htm

– https://es.wikipedia.org/wiki/Altos_de_Chav%C3%B3n

Jamaica: una experiencia cultural rica y diversa

 

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La isla de Jamaica es uno de los destinos más populares en el Caribe y por una buena razón – sus hoteles y resorts continúan clasificando entre los mejores del mundo por su servicio, instalaciones, variada gama de actividades, además del fácil acceso a la isla desde los principales aeropuertos.

 

Pero más allá de sus costas de lujo, con sus prístinas playas de arena blanca, hay un sinfín de oportunidades para obtener una visión más cercana y personal del rico y diverso patrimonio cultural de Jamaica.
“Los turistas que quieren asomarse a la historia del pueblo de Jamaica pueden encontrarla fácilmente por toda la isla”, dijo Paul Pennicook, Director de Turismo de Jamaica. “Nuestros museos ofrecen una buena muestra de las influencias históricas de la isla, al tiempo que nuestros restaurantes, galerías de arte y lugares de entretenimiento reflejan cómo ha evolucionado. Desde el latir más profundo de la capital del país, pasando por las diversas ofertas de nuestros diferentes complejos hoteleros, animamos a los visitantes a explorar la isla, conocer a su gente y disfrutar de la rica herencia cultural de Jamaica”.
Desde Kingston, la capital de Jamaica, hasta la capital turística de Montego Bay, existe una amplia gama de actividades para el disfrute de todos. A continuación se presenta una muestra de lo que se puede hacer y ver en Jamaica:

 

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Kingston
El Museo de Bob Marley: Inaugurado en 1986, era la antigua residencia y estudio de grabación de Bob Marley en Kingston y hoy día, es una de las atracciones más visitadas de la ciudad. Cuenta con el maravilloso mural ‘El viaje de la súper estrella Bob Marley’ (The Journey of Bob Marley Superstar), realizado por el artista Everald Brown, y tiene la mejor colección de recuerdos que representan la vida y carrera de la fallecida superestrella del reggae.

 

 

Trench Town Culture Yard:Era la antigua casa de Bob Marley y su amigo y mentor Vicente “Tata” Ford. El Trench Town Culture Yard (jardín cultural de Trench Town) es un proyecto llevado a cabo por y para la comunidad y el primer sitio Patrimonio Turístico en el centro de la ciudad. Fue declarado como Patrimonio de la Nación en marzo de 2006 por el Fondo del Patrimonio Nacional de Jamaica. El Trench Town Culture Yard está dirigido por un consejo de administración integrado por miembros de dentro y fuera de la comunidad.
Devon House:Esta casa colonial restaurada, construida en 1881 por George Stiebel, el primer millonario negro de Jamaica, es un monumento nacional. Una visita guiada muestra interesantes antigüedades y el pasado histórico de este elegante palacio blanco de dos plantas de estilo georgiano. Contiene una de las mejores colecciones del mundo de muebles de caoba. Finalice esta visita con el famoso y delicioso helado Devon House, que ha sido elegido por National Geographic como el cuarto mejor lugar del mundo para comer helado.

 

Galería Nacional de Jamaica:

Jamaica ha dado a luz a una serie de grandes artistas poseedores de una visión artística intuitiva, interpretativa y tradicional. La Galería Nacional de Jamaica es el hogar de la colección más importante que muestra el desarrollo del arte jamaiquino, desde artefactos taínos y arte colonial español y británico, hasta obras contemporáneas.

 

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Montego Bay

Los viajeros a la isla también pueden aprender acerca de la cultura rastafari visitando la Aldea Rastafari Autóctona en Montego Bay. Aquí, los visitantes pueden experimentar la cultura, el idioma, la música, la vestimenta, el espíritu y el estilo de vida de los rastafaris de Jamaica, además de aprender sobre los hábitos ecológicos y auto-sostenible del pueblo rastafari. La visita a la aldea es interactiva e incluye un recorrido por los jardines de hierbas medicinales, espacios dedicados al arte y los oficios y una experiencia musical a través de los ritmos de percusión y cantos antiguos.
Centro Cultural de Montego Bay: Una de las últimas atracciones turísticas añadidas a la amplia oferta de actividades de la capital del turismo es el Centro Cultural de Montego Bay.<br>
Situado en el corazón de la histórica Plaza de Sam Sharpe, alberga un museo y una galería de arte, ambos sucursales occidentales del Museo Nacional de Jamaica y la Galería de Arte Nacional de Kingston. El Centro abrió sus puertas en 2014 y cuenta con una pantalla informativa en la que se despliega la historia y cronología completa de Jamaica, así como artefactos desde la época taína, hasta período de la esclavitud y la época posmoderna de Jamaica.

 

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La Costa Sur

 

Los turistas interesados en explorar el patrimonio cimarrón de Jamaica, pueden visitar la aldea Accompong el día de Kojo, el 6 de enero. Esta aldea cimarrona se encuentra en lo alto de las montañas de Saint Elizabeth, en el oeste de Jamaica, bordeando las norteñas parroquias de Saint James y Trelawny. Todos los días, el pueblo ofrece un paquete educativo y de entretenimiento para las personas que visitan Accompong, en el que podrán escuchar la historia y aprender sobre el trabajo de los cimarrones.

 

Durante el siglo 18, los cimarrones lograron una significativa área de influencia. Sus orígenes se remontan a 1655, en la época en que taínos y africanos liberados por los españoles llegaron a lugares remotos de la isla en busca de refugio ante la reciente invasión Inglesa. Los cimarrones utilizaron diversas estrategias para mantener su libertad y disminuir la constante amenaza de los ingleses y se establecieron en zonas remotas de montaña donde la vegetación era muy densa. De acuerdo con su ubicación los cimarrones han sido divididos en dos grupos: los de barlovento y los de sotavento. Los Cimarrones de Barlovento se ubicaron en el este de la isla, mientras que los de Sotavento ocuparon la parte occidental de la misma.

 

 

Tomado de: http://www.dailyweb.com.ar/noticias/val/20995-13/noticias_desde_mail.html